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¿Por qué ya casi no hay ni poetas ni guerreros?

JUAN PABLO VITALI

A los niños de fuego y de ceniza
A las ciudades arrasadas desde el aire

La poesía y la guerra nacieron juntas. Cuando el hombre tantea la muerte, siente indefectiblemente la necesidad de vincularse a algo más elevado que él mismo, superándola. Los pueblos indoeuropeos nos han dejado extensos testimonios de ese intento. El Bhagavad Gita, la Ilíada, las Sagas, el Ciclo del Grial, los Cantares de Gesta. Todo forma parte de un intento de superación de la muerte mediante símbolos estéticos, que son también símbolos sagrados.
 
En el instante extremo del combate es muy poco lo que puede considerarse esencial. Los antepasados y los dioses se convierten entonces en parte del guerrero. Viven ya en un mismo mundo, definitivamente, aunque el guerrero se mantenga todavía con vida.
 
Por eso van juntas la poesía y la guerra, porque los valores del último instante son de algún modo absolutos, y porque la muerte material debe ser superada por un alma inmortal que se lo ha ganado en la batalla.
 
No hay nada más poético que la muerte de un guerrero. Esa muerte implica un cambio en el universo mismo, en la sucesión de la sangre, en la comunidad que lo ha engendrado y seguramente también en los mundos invisibles donde viven los guerreros que lo han precedido.
 
No hay guerra sin poesía. La muerte convierte al caído, ipso facto, en un superhombre. No importa que un poeta no cante esa muerte en particular. Podría decirse que no hay muertes particulares cuando se ha ingresado como ciudadano en esa república aristocrática de la muerte con honor.
 
Existe, sin duda, una gloria común a todos los leales. Y dos veces benditos son los que además de pelear sinceramente, lo hacen por una causa justa. Los sinceramente equivocados tendrán también su paraíso, pero los sinceros de justas causas se elevarán sin duda a la categoría de semidioses.
 
En la entrega de la sangre está seguramente la estética absoluta de un espíritu poético, porque la sensibilidad del poeta y del guerrero son similares. Sólo es diferente su forma de atravesar la realidad, en un viaje hacia una realidad superior y pura, luminosa y fatal. Sobrehumana, en el sentido nietzscheano.
 
A medida que la edad oscura avanza, resulta más extraño encontrar una expresión o una acción heroica. Ya casi no hay poetas ni guerreros. Se han convertido en parte de una realidad extemporánea. Los hombres de esta época se mueren de forma intrascendente.
 
La degradación torna difícil la poesía, que desaparece como va desapareciendo la guerra en el sentido antiguo. Muy pocos hombres comprenden hoy el sentido primordial y sagrado de la poesía y de la guerra.
 
Algún día, pasados milenios de milenios, ese sentido sacro de las cosas volverá, para expresarse nuevamente en su real dimensión. Mientras tanto, siempre hay un pequeño espacio y un breve instante donde la estética y el pensamiento atraviesan la oscuridad. Es un punto a veces mínimo, pero a través de él podemos atravesar la eternidad, como nuestras abuelas enhebraban el hilo de coser en una aguja.

 

17/09/2009 20:18 cristoforgartza Enlace permanente. ACTUALIDAD No hay comentarios. Comentar.

Ecologismo de Espíritu

Lo que SÍ queremos:
1. Queremos un mundo movido por un aliento superior, hermoso, noble, lleno de sentido.
2. Queremos un mundo en que la técnica y sus instrumentos, lejos de constituir un fin en sí mismos, sean vistos como un simple medio de satisfacer las necesidades materiales.
3. Queremos que se detenga la frenética carrera en pos de un “progreso” que, si en las condiciones actuales se extendiera a los 6.000 millones de habitantes de la tierra, acabaría irremisiblemente con ésta.
4. Queremos un mundo en que los grandes avances tecnológicos, en lugar de aumentar el “espíritu de trabajo”, permitan reducirlo al máximo.
5. Queremos que estos mismos avances, redundando en beneficio de todos, permitan reducir el abismo existente entre los grandes poseedores y el conjunto de la población.
6. Queremos vivir en una sociedad que encuentre su más alta significación en la belleza: en la del gran arte sobre todo, pero también en la del hoy desaparecido arte popular.
7. Queremos un mundo cuyas grandes obras y acciones merezcan ser recordadas por quienes nos sucedan.
8. Queremos sentirnos integrados en una comunidad, arraigados en su historia, proyectados hacia el futuro.
9. Queremos que el hombre, al descubrirse como único ser pensante en el universo, no intente esconder la angustia de su soledad, tomándose por dueño y señor de todo lo existente.
10. Queremos que, junto con la libertad que nos enaltece, sean reconocidas y celebradas las fuerzas oscuras que nos trascienden.
11. Queremos que dicho reconocimiento encuentre cauce y expresión, siendo colectivamente celebrado mediante cultos y ritos.
12. Queremos un mundo en que palabras como “misterio”, “asombro”, “maravilla”, dejando de ser sinónimo de “fantasmagorías vanas”, alcancen su más pleno sentido.
13. Queremos una sociedad en que la irrenunciable libertad de expresión corra parejas con la no menos irrenunciable afirmación de principios sustanciales.
14. Queremos que, así como el respeto de la vida corporal constituye un principio inviolable, se otorgue idéntico carácter al respeto de la vida espiritual.

Lo que NO queremos:
1. No queremos un mundo en el que la satisfacción de las necesidades materiales y el imperio de la técnica constituyen el horizonte a partir del cual toma sentido la existencia de los hombres.
2. No queremos un mundo en el que el espíritu del dinero y del trabajo -el ámbito de lo práctico y utilitario- impregna la vida de los hombres, incluido su tiempo de ocio.
3. No queremos vivir sometidos a un bombardeo publicitario que, invadiéndolo todo, nos asedia con mil señuelos: superfluos, inalcanzables, pero tan tentadores como… frustrantes.
4. No queremos que los desmanes cometidos por el comunismo se conviertan en la coartada de los poderosos para aumentar hasta el infinito su riqueza y su poder.
5. No queremos un mundo envuelto de vulgaridad y fealdad: arquitectónica, vestimentaria, ornamental, decorativa… Y lo que es peor: envuelto de fealdad “artística”.
6. No queremos un arte que, incluso en sus más altas expresiones (tanto las de otros tiempos como las que aún pueden darse hoy), es asumido como mero entretenimiento y distracción.
7. No queremos una cultura convertida en el espectáculo en que la transforman la industria cultural y mediática. No queremos vivir en la sociedad del espectáculo: superficial, frívola, regida por el vedetismo.
8. No queremos el individualismo a ultranza de una sociedad en la que los hombres viven como meros átomos agregados unos al lado de los otros.
9. No queremos morirnos sin más. No queremos desaparecer sin que en la memoria colectiva de los hombres quede una huella, bella y noble, de nuestro paso por la tierra.
10. No queremos privar a nuestros antepasados de la memoria que nos legaron: no queremos olvidar ese pasado sin el cual ningún presente sería.
11. No queremos una sociedad desprovista de aliento colectivo, carente de razones, grandes y nobles, por las que vivir y afirmarse colectivamente.
12. No queremos una libertad desprovista de ideales, principios y valores cuyos únicos valores son los del dinero.
13. No queremos una democracia que, por el mero hecho de elegir cada cuatro años a los gestores públicos, hace creer a los ciudadanos que son ellos los auténticos dueños del poder.
14. No queremos una igualdad que sea sinónimo de “igualdad por abajo”: que no reconozca a los mejores, que excluya la excelencia, que no busque la “igualdad por arriba”.

07/09/2009 20:46 cristoforgartza Enlace permanente. ACTUALIDAD No hay comentarios. Comentar.

Blas de Lezo

Llegaron con la arrogancia de siempre, y fueron derrotados con los métodos de siempre.

11/03/2009 22:32 cristoforgartza Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sed como lobos

Sed como lobos.
Fuertes en soledad, leales en comunidad.

Friedrich Nietzsche

16/02/2009 23:08 cristoforgartza Enlace permanente. BRENO No hay comentarios. Comentar.

El Tolkien de la Logse

Hay cosas que no se pueden discutir. Incluso el más acabado producto de la cultura contemporánea terminará por admitir que un libro es un libro, y que en él se dice lo que su autor quiso decir. Sin embargo, con la conversión de la obra del profesor Tolkien en objeto de culto y de comercio, se le está exponiendo a todas las tentaciones de la LOGSE.

Cuando, entre 1936 y finales del siglo XX, la Tierra Media fue campo acotado para quienes la leían, y para quienes se recreaban en ella, la saga de Tolkien cumplió las múltiples funciones que su creador entrevió en la literatura épica y mitopoyética. Tolkien dio nuevo cauce a los valores eternos de lo europeo, y criticó desde ellos los avances de la modernidad. Esos avances, sin embargo, han globalizado a Tolkien, lo han hecho universalmente conocido, aunque no universalmente estimado ni entendido. Lo que es un problema.

Hace un año –denso de acontecimientos, pequeños y grandes, positivos y negativos– se anunció en estas páginas el estreno de la tercera y última parte de la trilogía cinematográfica basada en El Señor de los Anillos. Y ya entonces, con indudable acierto, se señalaba la contradicción entre la tradición recreada por el oxoniense y la cultura de la LOGSE, del botellón, de la discoteca, de lo primario. En efecto, resulta poco probable un Samsagaz que, ocupado en sus asuntos o en su resaca, se negase a la áspera tarea de servir hasta el extremo la causa ¿perdida? de Frodo Bolsón. Y resulta risible la idea de un Peregrin o un Meriadoc que, en plena epopeya, se nieguen a aceptar como más autorizadas las decisiones de Théoden, Elrond o Galadriel.

La contradicción entre el modo de vivir que hoy se nos propone y el mito-Tolkien es radical. Sin embargo, la difusión por todos los medios de la historia por él narrada, ¿contribuye a difundir sus valores o más bien los adultera?

Un día de optimismo puede pensarse lo primero. La realidad cotidiana de la mayor parte de nuestra juventud prueba la segundo. El héroe de la LOGSE es Boromir, porque es el más violento, el más duro, el más gallo. En él se aprecia el pragmatismo, y en definitiva se entiende que pida el Anillo del mal; cuando en realidad sólo su redención por amor en sacrificio extremo lo hace heroico.

El Tolkien esencial de los medianos humildes y alegres, los elfos lejanos y sabios y los guerreros terribles de nuestra tradición, sigue vivo donde siempre estuvo: no en las hipergonadales víctimas de la LOGSE, sino en los campos hobbit, en las iniciativas que surgen vigorosas y, ay, siempre minoritarias, de nuestro filón espiritual. Para quien sepa resistir.

Tirso Lacalle

17 de diciembre de 2004 

02/01/2009 21:21 cristoforgartza Enlace permanente. TOLKIEN No hay comentarios. Comentar.

Pompeyo Trogo

Sobre los habitantes de Hispania:

"Tienen el cuerpo presto para la fatiga y la privación, el alma para la muerte"

02/11/2008 23:37 cristoforgartza Enlace permanente. EDUARD No hay comentarios. Comentar.

¿Como es nuestra lucha?

¿Como es nuestra lucha?

Ellos son muchos y nosotros somos pocos
Ellos tienen el poder y nosotros la voluntad
Ellos tienen el dinero y nosotros la capacidad de sacrificio

Una lucha desigual, ciertamente, tentado estoy de darles ventaja, pues aunque parezca paradójico, somos nosotros los que prevaleceremos
Nuestra es la voluntad de vencer.
Ante sus represiones, ante sus ostentaciones de poder y riqueza, nosotros contestamos con la frase de los valerosos Arditi de la Italia de los años 20:

ME NE FREGO* 

En el fondo me producen tristeza estos infelices que nos creen derrotados
Pue aun cuando perdieramos lo poco que tenemos para enfrentarnos a ellos, seguiriamos luchando pues es la nuestra la "Via Heroica"
¿Serian ellos capaces de lo mismo?

Pero lo que pobremente estamos intentando expresar, queda resumido con claridad prístina en este credo samurai del siglo XIV
  
No tengo parientes, yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.
No tengo hogar, yo hago que mi cuerpo lo sea.
No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder.
No tengo medios, yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi magia.
No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes, yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, yo hago de mi alma mi espada.


Sirva de inspiración a todo los luchadores



Por la Revolución hacia la Sacra Tradición
 
 
 
* podria traducirse "Por no importa", pero si queremos captar el verdadero sentido de la frase, en nuestra castiza lengua seria algo asi como "Me la pela". 
Ciertamente suena mejor en italiano, y pocas veces en una frase se ha resumido tan acertadamente una postura vital 

27/10/2008 15:31 cristoforgartza Enlace permanente. BRENO No hay comentarios. Comentar.

Otra falacia patética

Por EL MARQUÉS DE TAMARÓN

25-5-2006 08:33:20

UNA de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo».

Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados.

El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa.

Huelga decir que esa bellaquería en particular no es ya políticamente correcta. Pero otras sí, pues casi todo es turbio en ciertas actitudes sociales. Ni siquiera los delincuentes, que deberían ser fieles a su imagen social de dechado de lógica -lógica egoísta y amoral, pero lógica al fin- son tal cosa cuando se dedican a destruir la Naturaleza. Rara vez actúan con la frialdad de un delincuente puramente racional, como por ejemplo un monedero falso. Éste tan sólo busca el estricto provecho económico, mientras que el incendiario, con independencia del posible lucro, suele disfrutar haciendo daño. Diríase que en ese terreno hay tanto o más odio que codicia. A veces cabe preguntarse si ciertos vertidos tóxicos o incendios no tendrán más en común con los crímenes de los violadores que con los de malhechores supuestamente racionales como los ladrones. Después de todo es de suponer que el sueño de quien aspira a hacer el mal perfecto es mancillar a su madre y luego matarla, y eso es, en exacta metáfora, lo que hacen miles de autores de delitos ecológicos al año, sobre todo en verano. Si tan sólo buscasen el lucro, es probable que escogieran otros delitos más rentables y que causan menos dolor innecesario.

Lo más triste, sin embargo, es que lo turbio de las motivaciones de los delincuentes parece desdibujar las propias reacciones de la opinión pública, de las autoridades y de los periodistas. No conozco otro ámbito donde haya menos ideas claras y menos acciones decididas. Abunda, eso sí, la palabrería. Todas las fuerzas políticas coinciden en sus ansias retóricas de «preservar el medio ambiente» (artículo 38 de la Constitución de 1978), pero ninguna muestra respeto siquiera por su propio nombre; se conoce que no va con ellas lo de nomen est omen. Los socialistas valoran muy poco en la práctica el primer bien social, que es la Naturaleza. A los conservadores no les interesa mucho conservar esta vieja piel de toro, tan llena de mataduras. Los verdes, absortos en la izquierda unida, tienen mucho más de izquierdistas que de verdes. Y los llamados ecologistas nunca se manifiestan cuando el desastre ecológico ocurre donde gobiernan las izquierdas.

Prueba de lo que antecede es la anarquía urbanística en casi todos los municipios españoles. Sea cual sea su militancia política, el sueño megalómano de un alcalde es benidormizar entero su término municipal, edificarlo del uno al otro confín. Yerran quienes atribuyen el anhelo a un afán de beneficio personal. Por lo común no se trata de cohecho sino de una fe pétrea en el progreso, entendido éste como un aumento acelerado del casco urbano y del número de automóviles en circulación.

Contra creencia tan firme no hay leyes que valgan, y menos en un país latino, donde la tradición es legislar profusamente pero sin luego aplicar las normas con demasiado rigor. A veces, sin embargo, triunfan paradójicos escrúpulos y ocurre, por ejemplo, que se paraliza la declaración de tal Parque Nacional para no verse obligados a entorpecer los negocios de la construcción ni sufrir la consiguiente pérdida de votos.

Quizá por el mismo prurito oficial de discreción -acaso para evitar la llamada alarma social- no sea posible averiguar cuántos están en la cárcel tras los incendios, casi todos provocados, de 180.000 hectáreas forestales en toda España durante el pasado año 2005, o por cualquier otro delito ecológico (se dice oficiosamente que nadie está en prisión por un quítame allá esas pajas, aun ardientes). Pero cuesta creer que haya voluntad oficial de sigilo, pues los poderes públicos no pueden ignorar el auténtico sentir popular ante todos estos abusos y delitos: la sonrisa suficiente. Como mucho, los políticos evitarán en lo sucesivo reconocer las amplias complicidades del pueblo soberano con los incendiarios, después del revuelo causado en agosto pasado por la franqueza de la ministra de Medio Ambiente al admitir que existía «tolerancia social» en Galicia y en el resto de España, que impedía la identificación de los culpables.

A la tolerancia podía haber añadido la desidia. Mientras escribo estas líneas y para no perder el sentido de la realidad más humilde, tengo a mi lado una bolsa de carbón vegetal para barbacoas hecho en el Paraguay y comprado esta primavera en unos grandes almacenes madrileños. O sea, que mientras ardían los montes españoles porque nadie era capaz de atajar el fuego, ya que el sotobosque no se mantiene limpio desde que desapareció el piconeo, estábamos importando picón de una selva situada a diez mil kilómetros de distancia.

Y es que aquí, como en otros asuntos nacionales, el problema no está tanto en el Gobierno o los Gobiernos de la nación cuanto en la nación del Gobierno. Un pueblo que no cree en él mismo -en su historia ni en su naturaleza- mal puede exigir fe y voluntad a sus Gobiernos. Y éstos -unos más que otros, es cierto- tendrán la perpetua tentación de zanjar los problemas «como sea». Es decir, sin resolverlos.

 

24/10/2008 17:14 cristoforgartza Enlace permanente. NATURALEZA No hay comentarios. Comentar.

Yukio Mishima

«¿Cómo es posible denominar "hombre de acción" a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo. Revueltos entre esta basura, estamos obligados a asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe, que ya exhala un miserable hedor. Los jóvenes no pueden dejar de observar con disgusto el vergonzoso espectáculo del modelo de héroe, al que aprendieron a conocer por las historietas, implacablemente derrotado y dejado marchitar por la sociedad a la que deberán pertenecer algún día. Y gritando su rechazo a semejante sociedad en su conjunto, intentan desesperadamente defender su pequeña divinidad»

Lecciones espirituales para jóvenes samurais

Yukio Mishima

22/10/2008 19:22 cristoforgartza Enlace permanente. LIBROS No hay comentarios. Comentar.


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